Explorando las Barreras culturales para buscar servicios en las comunidades hispanas como celebracion del mes de la Herencia Hispana.  

Queremos comenzar este blog celebrando a nuestra comunidad hispana y latina en nuestro país durante el Mes de la Herencia Hispana. Celebramos la diversidad dentro de esta comunidad: sus diferentes orígenes, historias, familias, culturas, tradiciones, luchas y retos que hemos superado y que seguimos enfrentando. 

Queremos destacar esto porque la comunidad hispana y latina no puede entenderse como un solo grupo. Existe una variedad inmensa de pequeños mundos dentro de nuestra herencia hispana: personas de distintos países, familias biculturales, diferentes idiomas, necesidades y experiencias de vida. 

Por lo tanto, hoy queremos enfatizar que nuestra comunidad hispanohablante es diversa y que cada persona o grupo atraviesa experiencias de vida de maneras distintas, algunas beneficiosas y otras más difíciles. 

Our Voice ha trabajado para estar presente en esta comunidad mediante servicios de consejería, defensoría y educación preventiva, específicamente en temas de violencia sexual y trata de personas. Por ello, como parte de este trabajo continuo y de esta celebración, queremos crear conciencia sobre las barreras que estas comunidades aún enfrentan al buscar apoyo y acceder a nuestros servicios. 

Además de barreras como las creencias culturales, el idioma, la presión familiar y la desconfianza hacia las instituciones, existen otras barreras aprendidas que dificultan la búsqueda de ayuda en situaciones de violencia sexual o trata de personas. Estas barreras pueden hacer que las personas sobrevivientes enfrenten más obstáculos para pedir apoyo o hablar sobre lo que están viviendo. 

Durante años, muchas tradiciones y sistemas sociales en la cultura latina han estado marcados por el patriarcado. En algunos contextos, los roles de las personas se asignan desde el nacimiento, lo que puede colocar a ciertos grupos dentro de la comunidad en posiciones con menos poder en la familia, el trabajo, la comunidad y la sociedad en general. Esto puede abrir paso a la discriminación y a dinámicas sociales que favorecen a ciertos grupos según su género. 

La cultura latina también sostiene, en muchos contextos, que los problemas —especialmente aquellos relacionados con el abuso— deben quedarse en la familia debido a la vergüenza y al estigma que los rodea. Con frecuencia, los consejos se reciben de una figura religiosa o de autoridad, mientras que rara vez se busca ayuda en agencias que podrían acompañar a las personas en su camino de sanación cuando han sido violentadas. 

La autoridad y la dignidad de la familia suelen recibir un profundo respeto. Por esta razón, muchas personas sobrevivientes de violencia sexual pueden guardar silencio o permanecer en situaciones de abuso por orgullo, respeto, presión familiar o por el deseo de conservar la unidad de la familia y de sus círculos sociales. 

En algunos contextos de la comunidad latina, se espera que ciertas personas mantengan las tradiciones y el orden familiar o social establecido. Esto puede convertirse en un obstáculo para quienes desean salir de una relación abusiva, ya que pueden enfrentar críticas por romper con esas expectativas o por haber permanecido en la situación de abuso. 

Como resultado, muchas personas aceptan su situación con resignación, creyendo que su hogar o sus circunstancias les han sido asignados y que no tienen otra opción. 

La violencia sexual puede afectar a muchas personas dentro de la comunidad latinoamericana, incluidas mujeres, niñas, niños y hombres. Sin embargo, todavía existe la creencia de que los hombres no pueden experimentar violencia sexual, lo que hace menos probable que se les crea. Denunciar el abuso también puede exponerlos a burlas por parte de autoridades, familiares, amistades u otras personas, así como a etiquetas como “débil” o “cobarde”. Esto contribuye a minimizar el problema y a culpar a la víctima. 

Por otro lado, y no menos importante, debemos recordar que dentro de nuestra comunidad latina las personas queer y trans también enfrentan altos niveles de violencia sexual y múltiples obstáculos para denunciarla. Esto se debe al estigma, la discriminación y las normas de heteronormatividad que rigen muchas estructuras sociales basadas en el patriarcado y la masculinidad tóxica. 

Además, estas comunidades viven diversas interseccionalidades que pueden sumar obstáculos al buscar apoyo después de experimentar este tipo de violencia. Esto incluye, por ejemplo, a personas de comunidades indígenas o afrodescendientes, personas con distintas experiencias migratorias y personas con discapacidades o necesidades de apoyo específicas. 

Otra de las barreras que enfrenta la comunidad latina, sin importar género, edad o nacionalidad, es la falta de servicios bilingües y biculturales, como refugios, líneas de crisis, oficiales de policía, detectives, abogados y otros recursos. Esta barrera también se relaciona con experiencias previas de discriminación. 

Las personas sobrevivientes de violencia sexual de la comunidad latina pueden temer acercarse a agencias, hospitales, departamentos de policía o abogados por miedo a que su estatus migratorio se vea afectado, lo cual representa un obstáculo importante para solicitar ayuda. Asimismo, muchas personas dependen de su abusador o abusadora para mantener su estatus migratorio, por lo que temen reportar cualquier abuso. 

Por otro lado, algunas personas sobrevivientes de violencia sexual en la comunidad latina dependen económicamente de quienes ejercen abuso, ya sean familiares, amistades, contratistas u otras personas que pueden ser sus principales fuentes de trabajo, vivienda o estabilidad.  

Además, una parte de nuestra comunidad experimenta una falta de comprensión sobre la complejidad de los sistemas de salud y las redes de apoyo disponibles en sus vecindarios. Esto puede deberse a la falta de intérpretes, al acceso limitado a información en español y a otras barreras que dificultan la búsqueda de ayuda. 

Después de explorar estas barreras, nos gustaría compartir algunas acciones que, como organizaciones o integrantes de la comunidad, podemos tomar para ayudar a reducirlas: 

  • Como personas que formamos parte de esta comunidad, podemos crear espacios dentro de nuestras familias, círculos y entornos comunitarios donde todas las personas se sientan seguras, escuchadas y respetadas. Esto incluye creer a quienes están experimentando violencia, así como desaprender sistemas opresivos que dañan a la comunidad y alimentan las raíces de estos problemas. 
  • Como personas que pertenecen a otras comunidades, podemos mantener curiosidad y apertura hacia el pasado y el presente de la comunidad latina. También podemos desaprender estigmas o estereotipos que dañan a esta comunidad y evitar promover espacios con desequilibrios de poder, contribuyendo así a la prevención y la sanación. 
  • Como personas que sirven a comunidades vulnerables, podemos llevar los recursos y servicios a los lugares donde las personas se encuentran o a espacios donde se sienten seguras y en confianza. También es importante mantener una actitud de aprendizaje, abrirse a diferentes culturas y formas de ver el mundo, y asegurar el acceso a recursos en español que sean culturalmente relevantes para las necesidades de las personas sobrevivientes. 
  • Los lugares de trabajo formales e informales, así como las instituciones y espacios comunitarios —como iglesias, escuelas y hospitales— pueden promover el cuidado mutuo sin utilizar el poder para oprimir. También pueden crear espacios basados en el consentimiento y el respeto, para que nuestra comunidad se sienta segura. 

En general, celebramos la herencia hispana creando conciencia sobre estas barreras y reafirmando nuestro compromiso de seguir trabajando para reducir los obstáculos que impiden que las personas sobrevivientes busquen ayuda y sanación. El propósito de esta concientización es promover la prevención y contribuir a transformar las raíces de la violencia sexual y la trata de personas. 

 

(English) 

Exploring Cultural Barriers to Seeking Services in Hispanic Communities in Celebration of Hispanic Heritage Month 

We want to begin this blog by celebrating our Hispanic and Latino community in this country during Hispanic Heritage Month. We celebrate the diversity within this community: its different origins, histories, families, cultures, traditions, struggles, and challenges that we have overcome and continue to face. 

We want to highlight this because the Hispanic and Latino community cannot be understood as a single group. There is an immense variety of small worlds within our Hispanic heritage: people from different countries, bicultural families, different languages, needs, and life experiences. 

Therefore, today we want to emphasize that our Spanish-speaking community is diverse and that each person or group experiences life in different ways—some beneficial and others more difficult. 

Our Voice has worked to be present in this community by providing counseling, advocacy, and prevention education services, specifically on issues related to sexual violence and human trafficking. Therefore, as part of this ongoing work and celebration, we want to raise awareness about the barriers these communities still face when seeking support and accessing our services. 

In addition to barriers such as cultural beliefs, language, family pressure, and distrust of institutions, there are other learned barriers that make it difficult to seek help in situations of sexual violence or human trafficking. These barriers can cause survivors to face more obstacles when asking for support or speaking about what they are experiencing. 

For many years, many traditions and social systems in Latino culture have been shaped by patriarchy. In some contexts, people’s roles are assigned from birth, which can place certain groups within the community in positions with less power in the family, the workplace, the community, and society as a whole. This can open the door to discrimination and social dynamics that favor certain groups based on gender. 

Latino culture also holds, in many contexts, that problems—especially those related to abuse—should remain within the family because of the shame and stigma surrounding them. Often, guidance is received from a religious figure or an authority figure, while help is rarely sought from agencies that could support people on their healing journey after experiencing violence. 

The authority and dignity of the family are often deeply respected. For this reason, many survivors of sexual violence may remain silent or stay in abusive situations because of pride, respect, family pressure, or the desire to preserve the unity of the family and their social circles. 

In some contexts within the Latino community, certain people are expected to maintain traditions and the established family or social order. This can become an obstacle for those who want to leave an abusive relationship, as they may face criticism for breaking those expectations or for having remained in the abusive situation. 

As a result, many people accept their situation with resignation, believing that their home or circumstances have been assigned to them and that they have no other option. 

Sexual violence can affect many people within the Latin American community, including women, girls, boys, and men. However, there is still a belief that men cannot experience sexual violence, which makes it less likely that they will be believed. Reporting abuse can also expose them to ridicule from authorities, family members, friends, or others, as well as labels such as “weak” or “coward.” This contributes to minimizing the issue and blaming the victim. 

On the other hand, and no less importantly, we must remember that within our Latino community, queer and trans people also face high levels of sexual violence and multiple obstacles to reporting it. This is due to stigma, discrimination, and heteronormative norms that shape many social structures based on patriarchy and toxic masculinity. 

In addition, these communities experience diverse intersectionalities that can add barriers when seeking support after experiencing this type of violence. This includes, for example, people from Indigenous or Afro-descendant communities, people with different migration experiences, and people with disabilities or specific support needs. 

Another barrier faced by the Latino community, regardless of gender, age, or nationality, is the lack of bilingual and bicultural services, such as shelters, crisis lines, police officers, detectives, attorneys, and other resources. This barrier is also connected to previous experiences of discrimination. 

Survivors of sexual violence in the Latino community may fear approaching agencies, hospitals, police departments, or attorneys because they worry that their immigration status could be affected, which represents a significant barrier to seeking help. Likewise, many people depend on their abuser to maintain their immigration status, so they may fear reporting any abuse. 

On the other hand, some survivors of sexual violence in the Latino community depend financially on those who cause harm, whether they are family members, friends, contractors, or other people who may be their main sources of work, housing, or stability. 

In addition, some members of our community experience a lack of understanding about the complexity of health systems and the support networks available in their neighborhoods. This may be due to a lack of interpreters, limited access to information in Spanish, and other barriers that make it difficult to seek help. 

After exploring these barriers, we would like to share some actions that we, as organizations or community members, can take to help reduce them: 

  • As people who are part of this community, we can create spaces within our families, circles, and community environments where everyone feels safe, heard, and respected. This includes believing those who are experiencing violence, as well as unlearning oppressive systems that harm the community and feed the roots of these problems. 
  • As people who belong to other communities, we can remain curious and open toward the past and present of the Latino community. We can also unlearn stigmas or stereotypes that harm this community and avoid promoting spaces with power imbalances, thereby contributing to prevention and healing. 
  • As people who serve vulnerable communities, we can bring resources and services to the places where people are, or to spaces where they feel safe and supported. It is also important to maintain a learning mindset, remain open to different cultures and ways of seeing the world, and ensure access to resources in Spanish that are culturally relevant to the needs of survivors. 
  • Formal and informal workplaces, as well as institutions and community spaces—such as churches, schools, and hospitals—can promote mutual care without using power to oppress. They can also create spaces based on consent and respect so that our community feels safe. 

Overall, we celebrate Hispanic heritage by raising awareness about these barriers and reaffirming our commitment to continue working to reduce the obstacles that prevent survivors from seeking help and healing. The purpose of this awareness is to promote prevention and help transform the roots of sexual violence and human trafficking.