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Con motivo del Mes de la Herencia Latinx, destacamos la labor de Lorena Cabnal, feminista indígena guatemalteca e integrante de Tzk’at, la Red de Sanadoras Ancestrales del Feminismo Comunitario. El trabajo de Cabnal propone una forma distinta de concebir la violencia y la sanación. En lugar de centrarse únicamente en actos individuales de daño, su obra nos invita a
reflexionar sobre lo que sucede cuando nuestros cuerpos y comunidades son moldeados por sistemas de opresión más amplios.

La labor de Cabnal surge de las experiencias de mujeres indígenas de Guatemala que defienden sus comunidades y territorios ancestrales, a pesar de enfrentar amenazas como la criminalización, el desplazamiento y la violencia. Cabnal vincula estas dificultades con problemas como el racismo y la desigualdad económica. Todas estas luchas son consecuencia de una larga historia de colonialismo, patriarcado y el legado del conflicto armado en Guatemala, factores que siguen condicionando estas experiencias décadas después de su conclusión formal.

Uno de los conceptos fundamentales de Cabnal es la idea del «cuerpo-territorio». Ella describe el cuerpo mismo como un territorio personal: un espacio con historia, susceptible de ser controlado y violentado, pero también capaz de ser recuperado. Para las mujeres indígenas, este cuerpo-territorio está profundamente ligado a la tierra; a menudo, los mismos sistemas que
buscan controlar o explotar la tierra son los que intentan controlar o explotar los cuerpos de las mujeres.

Este enfoque nos ofrece otra perspectiva para analizar la violencia sexual y otras formas de violencia interpersonal. La violencia no ocurre aislada del mundo que nos rodea. Los sistemas en los que vivimos influyen en quiénes son más vulnerables, a quiénes se les cree y qué recursos tienen a su disposición tras sufrir violencia. Sin embargo, el trabajo de Cabnal no se limita a la opresión; también trata sobre la recuperación y la reivindicación.

Para Cabnal y las mujeres de Tzk’at, la sanación no es un proceso meramente individual. Su labor se nutre de saberes ancestrales y de la espiritualidad, así como de los vínculos entre ellas y con la tierra. Definen la sanación como un acto tanto personal como político: una manera de recuperar el cuerpo y, al mismo tiempo, fortalecer la «red de la vida» en su conjunto.
Es aquí donde el concepto de «acuerpamiento» acuñado por Cabnal cobra un significado especial. Las mujeres de Tzk’at describen el *acuerpamiento* como el acto de reconocer la injusticia que viven otras personas y la naturaleza, para luego unirse intencionalmente y defender esa vida en conjunto. Es más que sentir empatía por alguien; implica reconocer que la
lucha de otra persona importa, sumarse a ella y actuar a su lado.

Aquí hay una lección valiosa. Prevenir la violencia no puede limitarse a enseñar a las personas cómo evitar ser víctimas o agresores. También implica preguntarse qué tipo de comunidades estamos construyendo. ¿Tienen las personas relaciones en las que puedan pedir ayuda? ¿Creemos en ellas cuando nos dicen que algo anda mal? ¿Cuentan con espacios para tomar
decisiones sobre sus propios cuerpos? Y cuando ocurre un daño, ¿nuestras respuestas ayudan a las personas a recuperar su capacidad de agencia, o dejan que se vean definidas por lo que les sucedió?

En Our Voice, la educación para la prevención invita a las personas a reconocer conductas dañinas, intervenir cuando sea posible, construir relaciones más sanas y crear comunidades más seguras. El trabajo de Cabnal amplía esta conversación al recordarnos que la sanación y la prevención también deben ser prácticas colectivas.

Tzk’at describe la sanación a través de un principio de reciprocidad: «Sanando tú, sano yo; sanando yo, sanas tú». Debemos crear un mundo donde la seguridad no se trate solo de proteger los cuerpos individuales, sino también de construir comunidades donde las personas puedan recuperar su autonomía y apoyarse mutuamente.

La labor de Cabnal nos invita a concebir la prevención como algo más que simplemente detener la violencia. También puede significar crear las condiciones para que las personas vuelvan a experimentar agencia, conexión y alegría. ¡La sanación puede ser una parte fundamental de ese trabajo! Y cuando esa sanación se vive en conjunto, toda la comunidad crece unida.

For Latinx Heritage Month, we’re highlighting the work of Lorena Cabnal, a Guatemalan Indigenous feminist and member of Tzk’at, the Ancestral Healers Network of Community Feminism. Cabnal’s work offers a different way of thinking about violence and healing. Rather than looking only at individual acts of harm, her work asks us to think about what happens when our bodies and our communities are shaped by larger systems of oppression.

Cabnal’s work comes from the experiences of Indigenous women in Guatemala who defend their communities and ancestral territories, despite facing threats like criminalization, displacement, and violence. Cabnal also links the difficulties to problems like racism and economic inequality. These are all struggles that have been brought on by a long history of colonialism, patriarchy, and the legacy of Guatemala’s armed conflict, which continues to shape these experiences for decades after its formal end.

One of Cabnal’s most important concepts is the idea of “territory-body”. She describes the body itself as a personal territory: a place with a history, a place that can be controlled and violated, but also a place that can be reclaimed. For Indigenous women, this body-territory is deeply connected to the land, and the same systems that seek to control or exploit land are often the
same systems which seek to control or exploit women’s bodies.

That framing gives us another way to think about sexual violence and other forms of interpersonal violence. Violence does not happen separately from the world around us. The systems people live in can affect who is most vulnerable, whose experiences are believed, and what resources are available to them afterward.

But Cabnal’s work is not only about oppression. It is also about reclaiming.

For Cabnal and the women of Tzk’at, healing is not just an individual process. Their work draws on ancestral knowledge and spirituality, as well as relationships with one another and with the land. They describe healing as both personal and political: a way of reclaiming the body while also strengthening the larger “web of life”.

This is where Cabnal’s concept of “acuerpamiento” becomes especially meaningful. The women of Tzk’at describe acuerpamiento as recognizing the injustice experienced by other people and by nature, then coming together intentionally to defend that life together. It is more than feeling sympathy for someone. It means recognizing that another person’s struggle matters, joining them, and taking action alongside them.

There is a valuable lesson here. Preventing violence cannot only mean teaching individuals how to avoid becoming victims or perpetrators. It also means asking what kinds of communities we are building. Do people have relationships where they can ask for help? Do we believe people when they tell us something is wrong? Do people have space to make decisions about their own bodies? And when harm happens, do our responses help people regain their sense of agency, or do they leave people defined by what happened to them?

At Our Voice, prevention education asks people to recognize harmful behavior, intervene when they can, build healthier relationships, and create safer communities. Cabnal’s work expands that conversation by reminding us that healing and prevention must also be a collective practice. Tzk’at describes healing through a principle of reciprocity: “Sanando tú, sano yo; sanando yo, sanas tú”: healing you, I heal; healing myself, you heal. We must create a world where safety is not only about protecting individual bodies; it is also about building communities where people can reclaim their autonomy and support one another.

Cabnal’s work invites us to think about prevention as more than stopping violence. It can also mean creating the conditions for people to experience agency, connection, and joy again. Healing can be a huge part of that work! And when that healing happens together, the whole community grows together.